sábado, 28 de marzo de 2009

Educación y el debate que viene

La mayor parte de nosotros hemos oído hablar, e incluso capaz que hayamos visto en las noticias, sido testigos o protagonistas, del movimiento estudiantil del año 200, la “revolución pingüina”, como fue bautizada. Sus ecos se escuchan por estos dias cuando algunos empiezan a reconocer posiciones frente a la denominada Ley General de Enseñanza, la LEGE. Como en aquella ocasión, es presumible que respecto de esta ley sean los estudiantes quienes empiecen a debatir el punto. Y aquí cabe hacer una reflexión. Más allá del cliché, del eslogan fácil de “una mejor educación” “equidad en la educación” o “educación de calidad para todos” ¿cuánta información tienen quienes debaten el tema? ¿cuánto saben quienes se apresuran a la crítica fácil? ¿cuáles son las propuestas integrales que se plantean como alternativas? Cabe reflexionar sobre este punto. Quizás el nivel de nuestra educación, hoy, está dado por el nivel que, de entrada, han tenido quienes han tomado parte de los debates respectivos en el pasado. Si es así, el mejor aporte que puede hacer el mundo académico, estudiantes y profesores, es empezar a interiorizarse con los temas variados y complejos problemas que plantea la educación en una república, para contribuir , como telón de fondo del debate político y social, en el rol de una opinión pública informada en esta materia.

1 comentario:

  1. Es cierto que quienes están insertos en el tema se apresuran a "una crítica fácil" sin haber estado -quizás- lo suficientemente instruidos en el tema. Pero también es cierto que hay temas fácticos que son claramente visibles para ojos de un ciudadano de "virtudes medias" que observa la realidad país en la que vivimos.
    Analicemos:
    Hoy el país se rige por un sistema escolar financiado según los subsidios a la demanda. Y, recordemos que las familias tienen la libertad de elegir dónde educarán a sus hijos, optando así por un establecimiento privado o municipal según las condiciones y/o preferencias de aquellas. De manera que el Estado transferirá los recursos a ese establecimiento dependiendo de la asistencia del estudiante a clases. Circunstancia que entonces, da pie a que el sostenedor altere la cifra de asistencia, sabiendo que existe una débil fiscalización, y así obtener mayores ingresos del que en la realidad le correspondería.
    Y fue al parecer, tal situación la que observamos cuando "salió a flote" públicamente un gran desorden (o mejor dicho, producto de una mala gestión del funcionamiento público) dentro de la repartición de aquellos recursos.

    Quizás una manera de amainar tal escenario, sería el que el Estado pague el subsidio de recursos no por el número de asistencia, sino por número de matrículas. Junto con el cual habría un aseguramiento a la calidad educacional, lo que podría incentivar a los establecimientos escolares para soslayar el ausentismo del alumnado.
    En suma, es algo indispensable y primordial el buen uso de los recursos disponibles y aún más, un interés que debiera ser el principal para las autoridades públicas.

    C.Espinoza C.

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